Hay un momento del año en que el norte de Cáceres se enciende. Los castaños del Valle del Ambroz empiezan a soltar el verde y se visten de amarillo y cobre, el musgo cubre los muros de piedra seca y los caminos de siempre, los que pisaron romanos, ferroviarios y arrieros, se llenan de hojas que crujen a cada paso.
Te propongo una ruta circular de casi 16 km desde Baños de Montemayor hasta La Garganta, el pueblo más alto del valle, para vivir el otoño desde dentro: calzada romana, vía verde con túnel incluido, castañares centenarios y la tierra del lobo.
Baños de Montemayor y su embalse, con el castañar ya dorado
Características de la ruta
Espacio natural: Valle del Ambroz
Localización: Baños de Montemayor y La Garganta (Cáceres)
Longitud: 15,74 km
Tipo de ruta: Circular
Desnivel: 580 m
Recomendaciones: Gorra, protector solar, agua, comida, calzado con suela de agarre, vestimenta dependiendo de la época en la que realices la ruta, imprescindible cortavientos etc.
Localización: Baños de Montemayor y La Garganta (Cáceres)
Longitud: 15,74 km
Tipo de ruta: Circular
Desnivel: 580 m
Recomendaciones: Gorra, protector solar, agua, comida, calzado con suela de agarre, vestimenta dependiendo de la época en la que realices la ruta, imprescindible cortavientos etc.
Cómo llegar al inicio de la ruta
Baños de Montemayor está en el extremo norte de la provincia de Cáceres, pegado ya a Salamanca, y se llega fácilmente por la A-66, la Autovía Ruta de la Plata, que tiene salida directa al pueblo. Comenzamos a andar en el propio casco urbano, donde es sencillo dejar el coche. Desde allí subimos hacia la parte alta del pueblo, donde un cartel del sendero local Camino de Arrieros nos marca la dirección hacia La Garganta.
Descripción de la ruta
Arrancamos en Baños de Montemayor, el pueblo que nació alrededor de sus aguas termales, aprovechadas ya desde época romana. Subimos a la parte alta del pueblo y salimos por una pista asfaltada en dirección a la carretera, siguiendo las primeras señales del Camino de Arrieros.
El Camino de Arrieros nos señala la dirección hacia La Garganta
Muy pronto tomamos un desvío para acercarnos al Centro de Interpretación de la Molinería, un molino de agua del siglo XVIII restaurado junto al río. Ese día lo encontramos cerrado, pero el entorno merece la visita igualmente. Unas pasarelas de madera nos llevan entre helechos, castaños, nogales e higueras hasta el viejo molino harinero, mientras el agua salta en pequeñas cascadas entre las rocas. Un rincón precioso para empezar el día.
Pasarela de madera hacia el antiguo molino harinero
El agua se abre paso entre el granito, helechos e higueras
De vuelta al camino, pisamos historia: seguimos el trazado de la antigua calzada romana de la Vía de la Plata, la gran vía que unía Emerita Augusta (Mérida) con Asturica Augusta (Astorga). Entre Baños de Montemayor y el Puerto de Béjar se conserva uno de sus tramos más reconocibles, con el empedrado original subiendo hacia el puerto. Nos rodean helechos, robles y castaños que empiezan a amarillear, y bajo los pies todo es granito: el suelo, las rocas, los muros… la piedra que da carácter a todo este valle.
Caminando sobre las losas de la calzada romana de la Vía de la Plata
Castaños y helechos empiezan a teñirse de otoño
Una senda más bonita que el propio camino principal nos acerca a la Vía Verde, que en este tramo forma parte del Camino Natural Vía de la Plata. Aprovecha el trazado del antiguo ferrocarril de la Ruta de la Plata, la línea que unía Plasencia con Astorga y que dejó de funcionar en los años ochenta. Hoy es un paseo amplio y tendido, perfecto para caminantes y ciclistas, que en este tramo enlaza Baños de Montemayor con el Puerto de Béjar, un pueblo que ya pertenece a la provincia de Salamanca y a la comarca de la Sierra de Béjar.
Entramos en la Vía Verde, el Camino Natural Vía de la Plata
Postes del Camino Natural con las distancias a Baños, Hervás, Puerto de Béjar y Béjar
Avanzamos por la umbría en dirección al Puerto de Béjar, durante unos kilómetros, y cruzamos el río La Garganta por uno de los puentes de la antigua vía. A nuestras espaldas, Baños de Montemayor se va quedando cada vez más lejos.
Baños de Montemayor se va quedando atrás mientras avanzamos por la Vía Verde
Puente de la Vía Verde sobre el río La Garganta
Y llega uno de los momentos más divertidos de la ruta: el túnel de la antigua línea de ferrocarril, con su bóveda de piedra y un juego de luces que invita a la foto.
Atravesando el túnel de la antigua vía del tren
La Vía Verde se pierde entre castaños y robles
Antes de llegar al Puerto de Béjar abandonamos la Vía Verde y tomamos a la derecha la Senda de los Castaños, un sendero acondicionado que se adentra en un castañar precioso. Aquí el otoño se nota más que en ningún sitio: troncos cubiertos de hiedra, piedras con musgo, muretes de piedra seca y un suelo tapizado de hojas y erizos.
Inicio de la Senda de los Castaños
Musgo, piedra y castaños: la esencia del Ambroz
Caminando bajo el castañar de la Senda de los Castaños
Muros de piedra cubiertos de musgo junto a la senda
La senda nos deja en la carretera, que seguimos unos cuatrocientos metros por la misma
para desviarnos de nuevo, esta vez a la izquierda, por un sendero empedrado, empinado y muy bonito entre castaños y muros de piedra que sube hacia San Antón. Toca apretar un poco: es el tramo de mayor pendiente de la jornada.
para desviarnos de nuevo, esta vez a la izquierda, por un sendero empedrado, empinado y muy bonito entre castaños y muros de piedra que sube hacia San Antón. Toca apretar un poco: es el tramo de mayor pendiente de la jornada.
Desvío hacia San Antón, entre castaños
Al ganar altura, el castañar da paso a las coníferas. Llegamos a una pista que discurre entre pinos silvestres y aquí encontramos también abetos de Douglas (Pseudotsuga menziesii), una conífera originaria de Norteamérica muy utilizada en repoblaciones. Su piña es inconfundible: entre las escamas asoman unas brácteas en forma de tridente, como si fueran las patitas y la cola de un ratoncillo escondido.
Piña de abeto de Douglas, con sus brácteas en forma de tridente
Salimos a una zona despejada de bosque, salpicada de grandes bolos de granito, y seguimos por la pista hacia la izquierda. En una encrucijada, las señales de los senderos marcan a la izquierda la ruta de San Antón y a la derecha la de Mazagatos. Antes de llegar a una cancela encontramos una encrucijada de caminos: tomamos a la derecha, por la senda que va pegada a la valla metálica. Estamos cerca del punto más alto de la ruta, a unos 1.228 metros.
Grandes bolos de granito en la zona alta de la ruta
En la encrucijada tomamos a la derecha la senda que va pegada a la valla
Comenzamos el descenso por un precioso camino antiguo, flanqueado por muros de piedra muy bien conservados, con la sierra asomando al fondo. Poco a poco aparecen frente a nosotros los tejados de La Garganta.
Bajada por un camino antiguo entre muros de piedra, con la sierra al fondo
Viejos muros de piedra seca acompañan el descenso
La Garganta asoma entre los colores del otoño
Los castaños dorados nos acompañan en la bajada
La Garganta, a 1.124 metros de altitud, es el municipio más alto del Valle del Ambroz. Hicimos la ruta en pleno Otoño Mágico, la gran fiesta otoñal del Valle del Ambroz, declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional. Este año celebra su 29.ª edición con el lema "Donde el bosque late contigo" y llena los pueblos del valle de rutas, visitas guiadas, mercados y conciertos. Merece mucho la pena dar un paseo por sus calles y entrar en el Centro de Visitantes "El Lobo", instalado en la antigua Casa del Cura. Fue el primer centro dedicado al lobo de Extremadura, y a través de fotografías, paneles, cráneos y esculturas nos acerca a la relación, no siempre fácil, entre el lobo y los pastores de estas sierras.
Interior del Centro de Visitantes "El Lobo" en La Garganta
Para volver salimos del pueblo por la carretera hacia Baños de Montemayor y, aproximadamente un kilómetro después, la abandonamos para tomar a la derecha el sendero local Camino de Arrieros (SL-CC 92). Era el antiguo camino que unía La Garganta con Baños antes de la llegada de los vehículos de motor, por el que los arrieros transportaban mercancías a lomos de caballerías. Nos quedan unos 3,2 km de bajada hasta Baños.
Comienza el Camino de Arrieros hacia Baños de Montemayor
Dejamos la carretera para tomar la senda a la derecha
Este tramo final es, para mí, de lo más bonito de la ruta: un castañar maravilloso, con ejemplares enormes y retorcidos, muretes de piedra a ambos lados del camino y una alfombra de hojas y erizos.
Castaños centenarios y muros de piedra en el Camino de Arrieros
El castañar se enciende con la luz de la tarde
Muretes de piedra cubiertos de musgo entre los castaños
Entre el musgo y los erizos de castaña nos encontramos con una vieja conocida de los bosques otoñales: una amanita, con su sombrero rojo moteado de blanco. Preciosa para la foto, pero solo para eso: es tóxica.
Amanita entre musgo y erizos de castaña
La senda desciende entre castaños
El empedrado del Camino de Arrieros, bajo un castaño centenario
Una bonita bajada por el castañar nos devuelve a la Vía Verde, que seguimos hasta llegar de nuevo a Baños de Montemayor, donde cerramos el círculo. ¿Y qué mejor forma de terminar una ruta así que con una buena tapa? Casi 16 km de otoño puro en el Valle del Ambroz: calzada romana, vía de tren, castañares de cuento y el rastro del lobo. ¡Seguimos sumando km y recuerdos!
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